Agosto 2011
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Un cúmulo de polvo se ha formado en el fondo el anaquel, detrás
de la fila de libros. Mis ojos no lo ven. Es una telaraña para
mi tacto.
Es una parte ínfima de la trama que llamamos historia universal o
el proceso cósmico. Es parte de la trama que abarca estrellas,
agonías, migraciones, navegaciones, lunas, luciérnagas, vigilias,
naipes, yunques, Cartago y Shakespeare.
También son parte de la trama esta página, que no acaba de ser un
poema, y el sueño que soñaste en el alba y que ya has
olvidado.
¿Hay un fin en la trama? Schopenhauer la creía tan insensata como
las caras o los leones que vemos en la configuración de una
nube. ¿Hay un fin en la trama? Ese fin no puede ser ético,
ya que la ética es una ilusión de los hombres, no de las
inescrutables divinidades.
Tal vez el cúmulo de polvo no sea menos útil para la trama que las
naves que cargan un imperio o que la fragancia del nardo.
—Borges
“El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que se hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería ése nuestro caso?” Yo conjeturo que así es. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.
—Borges